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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Diario de a bordo. Derecho Civil II, primer parcialPara memorizar, suelo sentarme en uno de los sofás del salón, el que mira hacia la calle, con cuatro o cinco (excepcionalmente seis) folios, unos buenos cojines que me apuntalen al estudio, ¡y un bolígrafo Bic azul! El bolígrafo Bic azul es imprescindible para rodear aquellas palabras que dan inicio a alguna frase insuperable del tipo “dicte sentencia condenatoria de pago de cantidad líquida”, y similares. Y repito, y repito, y repito y repito hasta que puedo recitar todos los folios de carrerilla sin mirar ni una vez, momento en el cual vuelvo a repetirlos, vuelvo a repetirlos y vuelvo a repetirlos por entero, me levanto de un salto y haciendo la danza de la victoria (esto lo siento, pero no puedo explicarlo: es mejor verlo) los coloco boca abajo en el montón. Después cojo más —siempre hay unos veinticinco y treinta montones de ese tipo esperándome—, y vuelvo al sofá con una disciplina digna de (ésta, que es la mejor) causa. Aunque a veces, confieso, cuando no puedo más me cojo un chupachups de fresa de Fiesta (¡nunca se inventó nada igual!), o unas pasas, o un par de nueces, mucha, mucha agua, y cuando ya se me caen los folios de las manos y llego, como ahora, a los “vicios del consentimiento” entonces, ¡entonces! la única persona que puede ayudarme es Stevie Wonder:
Domingo, 22 de Noviembre de 2009 18:26. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 19 comentarios. Gloria¿Qué ha estado haciendo estos días, que no actualizaba el blog? He estado pensando en el rencor. Sí, yo también leí algo en este lado: está mal, se dice por el ciberespacio, sentir rencor continuado, extendido en el tiempo. Sienta mal. Te lastra. Te salen arrugas. Lo que ya sabíamos, ¿no? Sí. Pero el que habla así, con esa ligereza de pies, parece que en lugar de hablar de sentimientos está tratándose un grano, y se deja lo más importante: darse cuenta de que te han hecho un daño irreparable (léase: “daño irreparable”); y lo que es todavía más difícil, darse cuenta, cuando sea el caso, de que lo has hecho tú. Así el hombre. Aunque se use mucho ponerse la venda antes de hacerse la herida, lo cierto es que saber cómo, cuánto y de qué manera te la han clavado, no es nada fácil. Claro que no, nadie se pone a sí mismo a los pies de esos caballos. Cuesta. Quiero decir, que reconocer que la otra persona, conscientemente o no, no ha actuado contigo como hubiera sido deseable desde cualquier punto de vista, cuesta. Pero vamos, se llega. Se llega. Y cuando se llega, a veces de la manera más insospechada, pues sentir rencor es lo que toca. Enfadarse y sentir resquemor gordo es lo normal. No pasa nada. No sienta mal. No lastra. No salen arrugas. De hecho es bueno, porque es un mecanismo de defensa, y no precisamente por inseguridad. La inseguridad es anterior, se tiene mientras todavía se está en una fase previa, en la que se sospecha que ha pasado algo, perjudicial, malote de toda maldad y que hace sentir fatal, pero sin que se sepa aún qué; y no queda más remedio que ovillarse. Y si este rencor dura una semana, muy bien, pero si dura quince días, un mes, un año o toda la vida, qué le vamos a hacer, pues muy bien también. Tiempo es lo que pide, y tiempo es lo que se le da. Correcto. Porque el primer daño, el más grave y peor de todos, es ese primer darse cuenta de lo que ha pasado. Cuando caen las certezas y se ve con claridad el horror. Cuando se te rompe el corazón es ahí. Lo otro son sólo repeticiones que no sólo no son malas, es que además, enseñan. …y pobre de aquél que ante el daño, no aprenda a utilizar lo que siente para intentar inmunizarse... Qué atento le veo. Si tal como ha leído usted, te engañas a ti mismo y pasas página por aquello de la sanidad mental, antes de ser capaz de asimilar ese daño, racionalizarlo, llevarlo tan dignamente como se puedan llevar las alegrías, estás perdido. Si tarda, que tarde. Lo que haga falta. Y si se tiene que aplicar algún martillazo, aunque no sea una ciencia exacta, se aplica. ¿Con la contundencia que corresponda? Por supuesto. No hacerlo, obviar, no quejarse por no molestar, perdonar al buen tuntún, no hacer que el otro (por vergüenza, por no caer en el victimismo) vea lo que ha hecho, no sana nada. Pero nada. A ninguna de las partes. Y una ha llegado ya a una edad en la que, aunque lo pueda comprender casi todo, le gusta ver las cosas en su sitio. Y como sea las irá poniendo. Al tiempo. Y por la otra banda, creer que se ha alcanzado a comprender qué es lo que se le ha hecho al otro, ya es un error importante; pero pensar que se solucionará solo, o que la persona que lo recibe ya está talludita y mejor no meterse; o qué sé yo, apostar a que el daño se curará pasando despreocupadamente la mano sobre los trozos rotos, es de muy poca categoría. Y se paga. Con el tiempo se paga. Lo sé porque lo estoy pagando. ¿Usted qué va a estar pagando algo así? Uy, si yo le contara… Cuente, cuente. Otro día. Gloria de hablar con usted. Sí, ya veremos cuánta. Sábado, 26 de Septiembre de 2009 12:06. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 7 comentarios. De ahí que(R) Se me había olvidado y ha salido a flote hace un rato, tendiendo las sábanas de los peques que marcharon hace un rato (plegarse tiene unos primeros pasos inquietantes). Normalmente tengo un determinado número de imágenes archivadas, invariable por incapacidad para retroceder y arañarle algo más al pasado, y es con ellas con las que juego a saber qué pasó allá atrás. Pues bien, en este feliz hallazgo soy una chiquilina y estoy en la azotea de casa. La ropa está tendida en los alambres: hay sábanas, muchas, y hace viento; mamá está enjuagando más en la pila, echándoles azulete probablemente (“azulete” y “azotea” están atadas) y me pongo de puntillas y me asomo con dificultad cuando quita el tapón para ver desaparecer el agua, deseando que llegue el momento en que se organice un remolino que chirría, que me gusta revolver y destrozar porque se vuelve a hacer solo, y es limpio y perfecto. Tengo suavísimo recuerdo del viento y de estar entre las sábanas para que me golpeteen en la cara; de dar vueltas, de envolverme con las más largas, de escuchar el viento a través del algodón caliente. De ver a mamá entrar y salir cantando, llegar con un barreño lleno de agua para que juegue, deje huellas diminutas en el suelo, resbale, siga soplando mucho viento, sábanas flotando, demasiado sol, un mundo inmenso y no pase nada. Nada. Escribirme es la única manera de salvarme del olvido. De ahí que. Viernes, 18 de Septiembre de 2009 19:10. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 4 comentarios. Autumn comesSiempre me he quejado de llegar tarde a todas partes: de ir con el paso cambiado o de haberme entretenido por el camino. Tengo un bonito repertorio de excusas para estar donde estoy, y todas son bastante lógicas. Da gloria oírlas. Pero ninguna es cierta, porque lo único que he hecho todo este tiempo es ir por delante. Me casé antes que nadie, tuve a mis hijos antes que nadie, me separé antes que nadie, he vuelto a construir nuestra vida antes que nadie, me cansé de todo y de todos antes que nadie y he llegado aquí, lo dicho, la primera. Antes que nadie. * * * De vez en cuando, como esta mañana, me reencuentro con alguien que estuvo en mi vida hace cientos de miles de años, cuando mis hijos eran muy pequeños; alguien a quien ya casi había olvidado. Mirándola, no puedo dejar de preguntarme cómo han podido pasar tantas cosas para (y por) mí, y tan pocas para ella. Parece que alguien me sacó de esa conversación y me metió en el vaso de una batidora, pero le ha parecido caprichosa la idea de soltarme esta mañana. Dejamos algo a medias, y sigue ahora aquí delante contándome qué pasa con los suyos, que uno le ha suspendido matemáticas, que el otro es hiperactivo, que etcétera de cotidianeidades. Vértigo. * * * Hoy pasamos el día en el campo. Sin internet, algo que los adolescentes llevan muy mal. Pasaban por delante de la terraza buscando una señal a portátil abierto. Levantándolo, bajándolo, al paso al trote y al galope, sacando medio cuerpo por la terraza, allá, entre los naranjos, por todas partes. Me hubiera gustado ver cómo se las ingeniaban si realmente la hubiesen encontrado medio metro por encima de sus cabezas. * * * Cuando ha llegado estaba tumbada en el balancín de la terraza y no me ha visto. Ha saludado a mamá, a mis hermanas, a los pequeños. Ya se metía en casa. Entonces me ha encontrado, ha inclinado la cabeza, ha sonreído y se ha acercado. Sin dejar de mirarme y sin dejar de sonreír ha apoyado una rodilla en tierra y me ha cogido la mano, la ha besado. Se ha ido dentro. Cuando ha vuelto traía dos cafés, se ha sentado en el suelo junto al balancín. Alguna vez me acarició la mano. La vida puede ser maravillosa. * * * Cuando la fantasía choca con la realidad no sabemos qué va a pasar. Unas veces la realidad se queda a un paso de nuestro sueño, y otras, supera nuestras expectativas. Sábado, 12 de Septiembre de 2009 22:46. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 13 comentarios. E. pequeñaLa otra tarde M. pasó la tarde con las mellizas. Cuando una de ellas, la más pequeña, la absolutamente adorable E., quiso robarle el corazón, se sentó sobre sus rodillas y sujetándole la cara con las dos manos le propuso: - Tita, ¿jugamos a las adivinanzas? - Venga. - Pues adivina qué animal es: tiene tres patas. - (risas) ¿Cómo tres patas, E.? - Y además puede que esté en tu campo. - ¿Tres patas y está en mi campo? - Sí, y empieza por “so”. - (más risas) ¿Empieza por “so”? - Sí. - Uy, pues no sé, E. - ¿Te rindes? - Me rindo, ¿qué es? - ¡El sorro! La misma niña que un par de días antes, cuando fui yo la que la visité en su casa de la playa, se asomó por la ventana del salón a la terraza para llamar mi atención y decirme: “Tita, ¿a que tú siempre te acuerdas de las cosas que digo?”. Si fuera mía no la querría más. Martes, 01 de Septiembre de 2009 00:34. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 21 comentarios. Ne va pas
- ¿De dónde ha sacado este cromo? - De las estadísticas: alguien llegó hasta aquí buscando esa información. - ¿Y...? - Hombre, imagínese que… - ¡Vaya por Dios! - ¡Qué! - ¿Se ha fijado que falta una tilde? - Terrible. Lunes, 31 de Agosto de 2009 21:39. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 1 comentario. Lecturas veraniegas de ayer y hoy, presentanCiao, Verona, Julio Cortázar. Música de Lisa Hannigan. En la perennidad de una noche cualquiera le pueden pasar desapercibidos sonidos no esenciales; véase: el clic de la puerta de una lavadora avisando de que ya puede abrirse; alguno de los hombres de la finca comprobando que están bien cerradas las ventanas del patio; la débil esperanza intentando trepar al solar de su cama y en fin, cosas así, desprovistas de toda intriga. Indolentes. A esas horas la mujer lee en la cama, cuando entre líneas comienzan a colarse lo que en un primer momento son apenas apreciables ruidos, pero que después ascienden a la categoría de esenciales, ambiciosos. ¡Cómo!, soltando el libro. Tocada, piensa. Bien tocada. Así que rendida la atención, la lectura y la moral, eleva la mirada y sitúa a vecino y vecina al otro lado del techo. Oye pasos. ¡Pero cómo!, sentándose en la cama. Seguidos —¿habrá pasado medio minuto, un minuto?—, primero uno y después el otro salen de la cama. Oh, será para ir hacia el salón, a seguir allí la bacanal, en todas las sillas del comedor, en la encimera de la cocina. Hacia allí dándose trompicones con las paredes del pasillo y yo podré oírlos hasta que deje de hacerlo y qué delicioso es… Uy, ¿la persiana? ¿Ya no se oye? Ah, sí, uno tose. ¿Pero cuánto tiempo hace que…? Imposible, piensa mientras ahueca los cojines y vuelve a abrir el libro, imposible. Tocados. Tocados y hundidos.
Miércoles, 26 de Agosto de 2009 22:14. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 6 comentarios. Manzanas traigoSí, sí, y lo dice como si estuviera hablando desde Tombuctú, cuando Cataluña es algo que está ahí, como quien dice, a tiro de piedra. Es más, Cataluña sería el lugar adonde iría a parar la piedra si me diera por tirarla, y más concretamente, Cataluña es la tierra que está a los pies de un catalán que diría "¡pues leche!", cuando le cayera mi piedra encima: porque no está en otra página, ni detrás de ninguna frontera, ni tendrá que cruzar ningún desierto cuando haya de llegar hasta nosotros para plantearnos sus ofertas de “encaje agradable”. No está al otro lado de nada, sino que está en el mismo plano, en el mismo país, organizada por las mismas leyes a las que me someto yo y nos sometemos todos. Lo que con toda seguridad agradecerá mucho el hombre del chichón cuando me demande. Nada a Pehuajó, Julio Cortázar.
Miércoles, 19 de Agosto de 2009 11:12. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo No hay comentarios. Comentar. Poco a pocoMe está resultando muy difícil encontrar un hilo al que agarrarme. Y eso que sólo pido un hilo. Tenía tantas ganas de estudiar algo que realmente me apasionara, que mira tú por dónde —a mí, que cualquier cosa me da qué pensar durante semanas—, al final di en hueso. Tengo la cabeza llena de ideas pero ninguna es tan brillante como para compartirla (risas, cree que alguna vez las tuvo), o al menos, tan clara como para intentar exponerla. Desbordamiento, admiración, necesidad de nexos, silencio. Espero que conforme vaya avanzando, acaben (alguien, yo misma) dándole los suficientes golpes a este cobre como para no terminar en estado catatónico. Que podría suceder. Imagina que sigan acumulándoseme las incógnitas, ¿delante de qué mesa podría yo sentarme para pedir ayuda? No, no, ¡insisto! —apoyando la cabeza sobre la mesa— abra, abra sin miedo y ponga un poco de orden ahí. Necesitaría años (años) de seguir dándole vueltas a lo aprendido hasta hacerlo coincidir con lo que antes sólo intuía, o llegaba y por carecer del código (nunca mejor dicho), no entendía. Pero resulta tan atractiva la idea de encajarlo y saber manejarlo, que me está resultando muy difícil encontrar un hilo al que agarrarme. Y eso que sólo pido un hilo. Ficción. Hacía mucho tiempo, desde que vivo sola prácticamente, que andaba retrasando el momento de ordenar el cajón de las fotografías. Las he ido metiendo siguiendo el bonito método de: a su caer. La muy meticulosa tenía guardados hasta los tickets de las básculas. Ayer le metí mano y estoy sufriendo los efectos. Ya se pasará. Insospechadamente, he comprado en Blanco unos zapatos maravillosos con los que hacer la Ann-Margret y avergonzaros a to-dos:
Martes, 18 de Agosto de 2009 18:38. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 9 comentarios. La soledad de la corredora de fondo, IIHacía tiempo que me costaba encontrar una razón para rellenar esto de cosas mías. Ni siquiera yo sabía qué me pasaba, aunque tampoco era tan descabellado aquello de que estaba muy ocupada. Lo he estado. Y viniendo me he dado cuenta de una cosa: o lo vivo o lo cuento. Entiéndase con ene. Pero además me he dado cuenta de otra (esto como se puede ver, ha sido un no parar): no escribía aquí cuando he podido, primero, porque lo semidestruí con cierta mala cabeza y a todo el mundo acaba dándole vergüenza ponerse a barrer los platos que ha lanzado; y después, porque ni siquiera lo que guardé, aunque estuviera donde debería estar, me enlazaría con aquélla que dejó de escribir. Soy otra, las personas cambiamos, y después da pereza presentarse en un lugar en el que todavía no lo saben. Por otro lado, creo que aquí hay suficiente material mío (y de mí), como para no sentir la necesidad de ir a ningún otro sitio. Y levantar otra vez algo digno. Así que el primer paso ya está dado. Y ya estoy aquí. Viernes, 31 de Julio de 2009 18:12. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 8 comentarios. ListenSábado, 07 de Marzo de 2009 19:56. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 16 comentarios. Examen oralGesticula cadenciosamente. Tiene unas manos muy gráficas, en permanente armonía, que más que marcar el ritmo, reformulan los sistemas de análisis geométricos de la forma y la representación. Parecen dibujos. Su mandíbula se aplica en moverse acompasada, sensual, y el resultado de cada frase es muy (muy) seductor. Se esfuerza en transmitir su emoción, y ésta sale de él de un modo, que desde la primera fila despeina. Sin embargo no hay exageración alguna, todo en él es equilibrado y se sostiene estéticamente. Abrigo de (fino) paño azul, sastre, barba, camisa, corbata. Estructura ósea. Su forma de caminar. Todo. Cuando después de varios meses me acerco a su mesa, sus manos están paseándose sobre los folios, hipnóticas, y por fin puedo asomarme a su meticuloso universo. Todas las cosas tienen un sitio y hay un sitio para cada cosa. Su cartera, los papeles, el bolígrafo negro, el móvil, los folios para los alumnos, su reloj. Levanta la vista, dice mi nombre: Rosa. Hay unos bonitos ojos azules, casi transparentes. Formula un par de preguntas y vuelve a bajar la cabeza, en silencio. Al cabo de unos minutos levanta la mirada y se me queda mirando mientras yo también me entusiasmo, y gesticulo mucho con las manos, y no puedo dejar de hablar, y él frente a mí despeinándose. Baja de nuevo la cabeza, más rápido, y se despide: - Espero verla en tercero. - Yo también. Gracias por sus clases. - Gracias a usted. - Adiós, profesor. - Adiós. Lunes, 16 de Febrero de 2009 12:24. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 12 comentarios. A pedalesLo único que se oía cuando desperté era el carrito de alguna enfermera cruzando el pasillo, zuecos esencialmente lejanos y la fuerte respiración de mamá, que se había quedado dormida con mi hijo en brazos. El niño no tenía más que unas horas de vida y un ceño como ni ella ni yo habíamos visto antes. A mis hermanas les había hecho bastante gracia que se pareciese tanto a Magoo. Yo lo dejé todo en sus manos porque no hay otras como las suyas para poder quedarse en paz en noches en las que más que dormirse, una pierde el conocimiento; pero su respiración o el carrito o los zuecos o haber soñado que estaba en el hospital y que acababa de parir me despertaron, y ella estaba recostada en la butaca, con sus zapatillas de estar por casa, su bata rosa, un suéter de cuello vuelto y todas esas cosas que ella cree esenciales en el kit hospitalario. Nada más oír el crujido de mis sábanas, abrió los ojos y arreglando con una maniobra tan antigua como el mundo el arrullo a los pies del chiquitín, apretándolo contra sí, dijo eso que siempre ha dicho de mis hijos: es tan bueno como tú.
(…) Era tan rosa, tan carne de mi carne. Tan calvo. Se ralentizaba con una belleza hacia mí… - Convendría dejar de pedalear, querido, no me da tiempo a saborear el paisaje. - Es imposible. - Ah, vale. - Conformista... - ¡Pedaleador! Lunes, 15 de Diciembre de 2008 23:07. Autor: la_mobile. [ + ]. Tema: Diario de a bordo Hay 15 comentarios. Comprendo que no le suceda a casi nadie ni sea lo más común, pero a mí no me gusta competir (siquiera conmigo misma). En mi época de instituto, por capacidad física, pude acceder a los primeros puestos en los campeonatos de atletismo. Me gustaba correr, pero carecía de ese espíritu deportivo que me impedía no sentirme ridícula cuando —con la lengua fuera y rojos como tomates— otros apretaban el paso cerca de la meta para acabar ganándome. Les dejaba hacerlo. Será inseguridad o será cualquier otra cosa que no me interesa saber. El caso es que tengo la suficiente disciplina y cabezonería como para morirme corriendo si es que se me mete en la cabeza. Dos partos, aunque sea un tópico decirlo, ponen a prueba la resistencia de tal modo, que a la alegría de recibir una criatura, una siente dos más: la del alivio de no llevar ya a nadie dentro a quien haya que dar salida (que no es moco de pavo), y la de haber conseguido superar muchísimas horas de dolor con medalla de silencio y de aguante, primera división. En cuestiones de supervivencia, es difícil tumbarme. Soy corredora de fondo, gregaria, daría cualquier cosa por no tener que enfrentarme a nadie; principalmente, para no tener que sacar fuerzas de donde más las necesito. Ahora bien, si me pongo suelo ganar. Cuando pierdo es por dejadez, por vagancia, por falta de interés. A veces, aún a costa mía para favorecer a otros. Bien, cuento todo esto porque me he estado enfrentando a mí misma estos días atrás. Ayer, y antesdeayer, me he sorprendido mirando más de la cuenta el contador de visitas, comparándome con días anteriores, ejerciendo censura sobre lo que escribía o dejaba de escribir, pensando en qué ofrecer, en qué había que colgar aquí para no perder visitas. Y hasta aquí podíamos llegar. (A partir de este punto: declaración de intenciones para mí solita que me tomaré cada ocho horas) Yo escribo para mí, no escribo para nadie en concreto. Sufro de épocas (surrealista, amorosa, tediosa, amargada perdida, depresiva, animosa, divertida, etc.) y como mis textos son míos y sólo míos y esta es mi casa, tengo que dedicarme a ellos pero al ritmo, en el tema y en la cantidad que yo estime conveniente, sin auto-presiones adicionales. Solo faltaría que una de las pocas aficiones que utilizo para comprenderme a mí misma, para disfrutar, para divertirme corrigiendo y ordenando palabras, tenga que sacarme de quicio o esclavizarme de algún modo, con lo que yo respiro de mi tranquilidad y de mi forma de ver las cosas, que es básicamente de la que luego extraigo los contenidos que aquí formulo. Rosa, así no. Por supuesto, el que viene a este blog a pasear y a acompañarme, ha de tener la absoluta certeza de que todo lo que dice es recibido cálidamente y con un sonrisa. Faltaría más. No se trata de evitar que haya comentarios, que no es eso, pero el simple hecho de ver a la gente entrando y volviendo, la agradable sensación de mirar quien ha estado en el último rato y comprobar que son personas que para mí son de auténtico lujo asiático, ya es suficiente recompensa. Todos debemos ser conscientes de nuestras posibilidades y yo le temo al fraude más que a una vara verde. Lo que escribo es para mí, no tiene más valor que el que yo le de, que es muy poco, y siempre, pero siempre, estaré en deuda de gratitud con quienes dedican un par de líneas al ánimo y a la trayectoria (risas) de esta tontorrona que lo es, suya afectadísima, R. Gracias :-) por todo, a todos. Y seguimos. Es irracionalSi hago caso a mi querido Portnoy cuando habla en un interesantísimo post de la intertextualidad diciendo: (...) todo está escrito. Sólo cambian las formas, me pregunto, ¿qué hacemos aquí, metidos en un blog, hablando de cosas que ya están dichas? Pero lejos de aclararme, recurro a un texto brillantísimo que guardo como un tesoro en mi ordenador, en el que su autor (Nadie, de El bosque) habla sobre los números irracionales, diciendo que contienen en sí el infinito y el pavor. Números, como Pi, a los que consagraron su vida personajes como William Shanks, de los que se han logrado desentrañar TAN SÓLO 50.000 millones de sus decimales. La cosa no acaba en 3.1416, no. Sigue y sigue de un modo aleatorio, sin patrón posible, dándole a los números y a las letras un tratamiento que, tal como él mágicamente explicaba, bien pudiera parecerse a ésto: "Si adjudicamos a cada par de dígitos el valor de una letra podemos estar seguros de que tarde o temprano encontraremos la secuencia formada por dos letras cualesquiera. Eso mismo vale para tres, cuatro, quince, quince millones de letras. Y así habrá un punto en la ristra que comience "En un lugar de la Mancha..." y continúe hasta el fin del Quijote. Todos los libros en todos los idiomas tendrán un lugar en la secuencia de cualquier irracional. Y aun más; libros no escritos ya están escritos ahí. Y peor; si en vez de interpretar el número como una serie de letras la interpretamos como una secuencia digital de video también podemos estar seguros de que todas las películas contiene Pi. Y aquellas no filmadas nunca, por ejemplo aquella que desde el primer instante colocó una camara a metro y medio en la vertical de los ojos de Shakespeare y no cesó de grabar hasta su muerte, aquella que grabó con la lente de sus ojos su retiro. La que graba tus ojos y en tus ojos el amor... Todo ahí, infinitamente redundante, y entonces ¿Para qué?" Lo que provoca que a estas alturas haya olvidado toda motivación y me vuelva a preguntar, consecuentemente, ¿qué diablos hacemos aquí, y qué esperamos llegar a crear? Hubo una vez que me enamoré, hace ya algunos años. No fue un amor usado y cerrado, al contrario, apenas sí se tocó. Creció, se hinchó, me llenó. Fue fabuloso. Uno de esos amores perros que no pueden ser. Ese señor me regaló un libro. Es pequeño, está en una de las librerías, ya digo, es chiquitín. Me gusta saber que está allí, pero apenas lo he abierto. El día que llegó el paquete que lo llevaba dentro firmé el recibí, me senté sin destrozarlo durante algún tiempo y cuando ya no pude esperar más, lo abrí. Guardo el papel de la agencia, el sobre de plástico, hasta las burbujas que lo rodeaban. Todo era regalo. Bien, cuando lo tuve en las manos me temblaron las rodillas y me senté en el suelo, riendo y llorando como las locas. Me rodaban las lágrimas tan rápidas que cuando quería agarrarlas, ya estaban manchándome la falda. Plum, plum, plum. Y lo sostuve contra mi pecho sin hojearlo, oliendo la encuadernación. Claro, si lo abría ya sabría lo que contenía, y yo quería demorarlo y estirarlo y esperar y aguantar. Hasta que lo leí. Eran relatos míos y relatos suyos. Hace algunos meses un amigo me preguntó por él, quería verlo. Y yo fui a la librería y lo cogí. Se lo enseñé. Sentí tanto (pero tanto) orgullo de haber sido dueña de un sentimiento así de grande que volvieron a llenarse mis ojos de lágrimas, de esas incontenibles, que hasta me temblaba la barbilla. Yo a este amigo le pasa una página, le pasaba otra, y conforme corrían los minutos se iban hinchando los recuerdos otra vez, y volvía a sentirlos así, así. Así. Aquí otra vez. Sin dolor y cargados de una belleza extraordinaria que siempre estará ahí. Es imposible que se evapore. Que pesaba mucho. Este amigo lloraba conmigo, menudo par de merluzos, mientras yo le contaba lo contenta que estaba de tener ese libro y lo orgullosa que me sentía de poder guardarlo en casa, cerca pero lejos. Porque hay veces, que no basta con desearlo. Y da igual que vengan otros hombres, da igual que vengan otros amores y vengan y vengan. Todos se clavan en un sitio diferente. ![]() . . Aquí os dejo encargadas las macetas. Alguien, no miro a nadie, tiene que hacerse cargo de echarles algo de agua estos días. Estaré fuera unos cuantos. Pero vuelvo, vuelvo pronto, y no me olvido ni me dejo a nadie. Un abrazo muy apretado. Mucho. Y ahora sólo me falta una cosa... Una muerte digna con tocadiscos de maleta![]() Soy la muchacha más feliz del Japón, e incluso del mundo. ¡Amigas, he venido atraída por la llamada del amor... AMIGAS Alegría... BUTTERFLY ...he venido a los umbrales del amor... AMIGAS ...alegría, dulce amiga... BUTTERFLY ...donde se recoge la felicidad del que vive y del que muere! AMIGAS ...pero antes de cruzar el umbral que te atrae, vuélvete y mira, mira las cosas que amas, ¡mira cuánto cielo, cuántas flores, cuanto mar! ________________________________________________ La muerte. Prefiero no pensar en ella, llegará y estaré preparada, lo sé, como han llegado tantas otras cosas que también me encontraron sin tener que dar rodeos. Tampoco consideraré las opciones “desenchufarme”, “no dejarme vivir” porque sólo Dios conoce la fuerza que me corre por las venas, y que no pienso rendirme jamás por muy mal aspecto que parezca tener la cosa. Pero, cuando ni siquiera se sepa con certeza si tengo o no tengo conocimiento, que se tenga en cuenta que necesitaré escuchar las voces de las personas a quien quiero, y música. Y quiero rosas y violetas (qué lástima de mala fama, con lo bonitas que son). Y sabor a piel de naranja en los labios. Y sobre todo, que me cierren los puños bien fuerte para que donde quiera que entre llegue dispuesta a volver a levantarme, y para que no me deje ni mi cielo, ni mis flores, ni mi mar; ni nada de lo que he amado. Me niego a sacar más cosas del pecé, de lo que queda quizá alguna vez pueda aprovechar algún párrafo. Mañana será otro día. Qué ganas tenía de tomar esta decisión. "Idiota" el que lo leaAlguna vez, durante el tiempo que lleva abierto este chiringuito, mis amigos (y hasta mis familiares) me han preguntado “¿se puede saber qué leches es eso de las cajas?, tú nunca has escrito cosas así. Que lo tuyo es más sensiblón y como más cursi, hija mía. Te leo y tengo la impresión de que estás agarrando una depresión. ¿Estás bien? ¿quieres que vaya a verte?” a lo que yo, con una sonrisa socarrona, siempre decía, “estoy estupendamente”. Que no era faltar a la verdad. El caso es que cuando se me ocurrió abrir, un amigo que me honra con su aprecio y por el que siento una admiración acuosa (es decir: que me hago un charquito, porque vale muchísimo y porque nunca, desde que le conocí, se ha movido de su sitio: ni más cerca ni más lejos, sin dejar ni un solo día de asombrarme con sus capacidades, actitudes y aptitudes) se brindó a colaborar conmigo. Me entregó el sub-blog: “Idiota en una caja” en varios fascículos, como las enciclopedias. El valor que tiene el que lo hiciera para otras personas no pasará de anecdótico, pero para mí, que no es que sea muy mirada, pero sí muy agradecida, ha sido fundamental. Echando a un lado la importancia que pueda tener colgar aquí “cosas” (que tiene la que tiene, y no tiene más), para mí lo imprescindible es escribir. Me gusta. Sé que puedo mejorar y que voy a hacerlo, estoy en ello. Pero no quería estar sola porque soy muy inconstante y muy vaga. Si me llego a quedar sola, esto estaría lleno de silencios. Seguro. En cambio, un día detrás de otro he tenido que colgar uno de sus “idiotas” y con él, por vergüenza, algo mío. Así ha sido como me ha ayudado. No creo que eso sea capaz de hacerlo todo el mundo. Ahora voy a colgar la última de sus treinta entregas, y entre hoy y mañana, el resto de borradores míos que me quedan del 2.004. Tengo imperiosas ganas de forzarme a escribir desde el principio, con una hoja blanca-blanca a punto de nieve para llenarla de pasos, de pasos perdidos nuevos, con mi yo-escritora reciente que poco o nada tiene ya que ver con mi yo-escritora de hace unos cuantos meses. Es por eso que estoy bastante harta de retocar relatos que ya llevan en cartera algún tiempo. Ya no escribo igual, me atraganto con tanto por arreglar, no me gusto y tampoco me deja ese regustillo a satisfacción que sólo te da lo que tanto te llena. Pero hay que sacarlo, porque en el pecé no le voy a dar más vueltas (me niego en redondo, en cuadrado y en triangular). Así que un día más y estaré sola. El “idiota” se agotó (después de acompañarme durante un par de meses) y ahora me toca tirar de genes. Que Dios reparta suerte (y ganas), y que no nos pase ná. Aquí, en la Red y en fecha señalada, con gran admiración y agradecimiento para mi “idiota”, (aquí va una reverencia propia de otro siglo) Rosa Ésto se llama meter la cabezaDesde pequeña he reservado largas horas de mi vida a la contemplación de la vida sin más, a sentarme a mirar, a desarrollar y alargar lo que veía, a dar más color y más vida a cuanto me rodeaba, a exprimir el mundo que se abría ante mí. En mi ensueño conviven personajes de ficción con cosas a las que he dado vida, almaceno centenares, miles de frases, de instantes, de secuencias, de caras, de voces, de sonidos, de recuerdos, y con todos ellos compongo escenas que entretienen mis horas de reposo. Retratos alejados de la realidad, creaciones que solo la cabeza de un chalado sería capaz de ingeniar. Aunque también rememoro y estudio el pasado, deleitándome en cada instante; y hago lo mismo con el presente, al que exprimo hasta la última gota y del que no perdono ni el más minúsculo de los matices. Armada con esa mezcolanza y unos buenos genes me enfrento a una recopilación de cuentos como los que ya he contado a mis hijos cuando nos quedamos casi a oscuras en la habitación por las noches, y ellos, angelitos, dejan que les brillen los ojitos por última vez antes de dormir. Lo más importante de los cuentos, lei alguna vez, no es lo que cuentan, no. Lo más importante de los cuentos es QUIEN y COMO los cuenta. ¿Por qué será que los pasteles que tenemos en la bandeja de casa no apetecen, y cualquier barrabasada que haya en caja ajena, se nos antoja la bendita gloria masticable? ¿Y por qué la historia se repite tanto, somos todos tan parecidos en nuestra cotidianeidad y a pesar de ello, nos creemos diferentes y especiales (!!!)? Esta tarde, uno de mis hijos apuraba la bandeja de los dulces y al coger un bombón, me ha mirado. Dudaba. En sus ojos azules aparecí de niña, con cara de haberme tragado un sapo, tras haber escogido pieza ante una caja de bombones franceses en casa de mi tía. Como la otra tarde, cuando esa misma persona les dio a él y a su hermano un super-postre de entre decenas de alineados chocolates y se lo metieron en la boca sin saber lo que se iban a encontrar. Un asqueroso bombón de licor. Ahora tengo un hijo (y dos) con el mismo miedo ante el bombón. Con la misma desconfianza ante las tías en su faceta bombonera. Ahora tengo un hijo (y dos, y dos) que duda ante la bandeja de dulces de su propia casa y no digamos ante las de los parientes. Hemos perdido la inocencia ante el chocolate, señores, se ha ido volando-volando. Y en navidad. Nunca tuve mano para las macetas. Hace unos meses una persona que por lo visto (y por el estado de su regalo) me quiere, me hizo llegar a casa un centro de flores. Con mucho cuidado (o al menos con más cuidado del que pongo en cambiarle el agua al pez) fui sacando mata tras mata y colocándolas en macetas individuales que ahora están en mi patio. Y llueve. Les cae el agua de la lluvia de plano. Las estoy viendo desde aquí. Están brillantes, sanísimas, espléndidas. Quién sabe si no sean capaces ellas, antes que yo misma, de darse cuenta de la llegada de la capa caída. Total, como nunca tuve mano para las macetas... Qué pez más odioso, oiga. Llega la Navidad. Mira hacia arriba, ya debes tener un árbol sobre tu cabeza. Agítalo, las bolas campanean de aquí para allá y los brillos se multiplican. Te sienta bien. Ahora lo único que tienes que hacer es intentar no perder un sólo adorno hasta pasado Reyes. No es nada fácil. Habrá premio para los ganadores. Home sweet homeHe estado pensando que para poder hacer uso de este blog como Dios manda, lo primero que tengo que hacer es una declaración de intenciones que pueda saltarme a la torera. Así es como funcionan las cosas, no sé como no lo vi claro antes. El caso es que leyendo sobre las cosas más pequeñas y más insignificantes (que es básicamente de lo que trata este sitio), encontré un fragmento escrito por Marcel Proust que dice: "Y como ese entretenimiento de los japoneses, que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así, ahora, todas las flores de nuestro jardín y las del parque de Monsieur Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té." (POR EL CAMINO DE SWANN) Pues aquí igual, iré metiendo, metiendo y metiendo y cualquier día —el menos pensado— lloverá en las internueces y lo dicho, el material depositado se esponjará tanto que rebosaré por las disqueteras de todas las casas que alguna vez leyeron alguna de estas líneas. Tal cual y amén. |
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